El Ser se expresa de múltiples maneras, somos un reflejo de la Totalidad; la vida nos permite encarnar algunas facetas de esa multiplicidad. Como Psicóloga y Psicoterapeuta acompaño a muchas personas y parejas por sus Laberintos intentando ser un apoyo y una aliada en su crecimiento personal. En este espacio apunto huellas que inspiran mi propio camino, el que todos vamos desplegando para volver a conectar con la Esencia. Que en realidad no es un lugar al que llegar, porque “Ya estamos en Casa”.
No, no se trata de “autoestima”. Necesitamos más que eso: un afecto profundo
que nos vincule con quienes somos, tal como el que podemos sentir,
justamente, por esos amigos que son más que hermanos. De hecho, en la
Psicología del Budismo existe un término para el que Oriente no guarda
traducción literal: Maitri. Como no hay una sola palabra para
describirlo, necesitamos traducirlo con varias: “amistad incondicional
consigo mismo”. Y valga la aclaración de que no se trata sólo de un concepto (como tampoco lo es la amistad cultivada para con otra persona!): se trata de una práctica cotidiana.
Un modo de bientratarse, de elegir para sí, de “deselegir” (palabra
también necesaria!), de mirar con sana compasión nuestras limitaciones,
de amar nuestras características de una manera no-narcisista (tal como
amamos la idiosincrasia de aquellas personas investidas por nuestro
afecto). Sin juicios feroces; sin críticas despiadadas; sin falta de
perdones; sin vanidades que nos distorsionen nuestras reales maravillas.
Otra vez: tal como describiríamos a un amigo muy querido, a un
compañero de camino con quien hayamos andado largo trecho. Ternura. Autoternura.